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Debate abierto del Consejo de Seguridad sobre "La situación en el Oriente Medio: Víctimas de ataques y abusos por motivos étnicos o religiosos en el Oriente Medio"

(Nueva York, 27 de marzo de 2015)

Intervención de la Embajadora María Emma Mejía, Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas

 

Señor presidente,

Agradezco a su país convocar este importante debate y hemos escuchado atentamente al Secretario General, al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, a usted Beatísimo Patriarca y las conmovedoras palabras de la parlamenta-ria Dakhil.

Señor presidente,

Colombia ha querido unirse a tantas otras voces hoy porque frente a los actos de bar-barie y al completo desprecio por los valores de la condición humana, no puede haber silencio. La gravedad de las violaciones a los derechos humanos y al derecho interna-cional humanitario en las áreas afectadas por la presencia del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL), y sus grupos asociados, nos conmina a unir nuestra voz y a com-prometernos en la salvaguarda de los valores y principios que comparte la humanidad.

El pueblo y Gobierno de mi país expresan su más sentidas condolencias a las familias y Gobiernos de las víctimas de estos grupos terroristas.

Nacionales colombianos fueron víctimas del reciente ataque ocurrido en el Museo del Bardo en Túnez, por lo que compartimos el dolor de aquellos que sufren las conse-cuencias de este grupo terrorista. Su asesinato evidencia que el terrorismo nos afecta a todos.

El caso de Boko Haram es una expresión adicional de este grave problema, y conde-namos de manera vehemente el secuestro de mujeres, niños y niñas y el asesinato de miles de personas inocentes perpetrados por este grupo terrorista.

Señor presidente,

Tal como lo señalan los informes del Alto Comisionado y de la Comisión de Investi-gación del Consejo de Derechos Humanos en Siria, los actos de violencia y la perse-cución a minorías y a grupos étnicos o religiosos, son una de las manifestaciones de las recurrentes violaciones a los derechos humanos de ISIL, tales como las decapita-ciones de cristianos coptos en Libia; la persecución, asesinato y desplazamiento forza-do de Yezidis en Irak; y el secuestro de cientos de cristianos asirios en Siria.

Éstos son sólo algunos ejemplos que indican la existencia de una conducta reiterada, destinada a la eliminación de minorías y grupos étnicos y religiosos, pues como lo mencionó el Alto Comisionado, esto podría constituirse en genocidio y en crímenes de lesa humanidad.

No se puede acudir a categorizaciones facilistas o a identificar una religión o una cul-tura con el extremismo violento, el terrorismo o el genocidio, como lo han dicho mu-chos antes que yo son conductas inaceptables de personas o grupos, no de culturas o religiones per se.

Señor presidente,

Se debe hacer una reflexión sobre la efectividad de los mecanismos con los que contamos para combatir estas situaciones de barbarie humana, y es necesario reconocer que estamos frente a un enemigo que sorprende por su falta de límites. Hemos conocido actos y hechos que no imaginábamos posibles en este Siglo XXI y nos preguntamos qué tan bien preparados estamos para combatirlos. El Secretario General y el Alto Comisionado han presentado propuestas concretas que merecen nuestra consideración y análisis.

Nos preocupa que no podamos reaccionar unidos. Debemos dejar de lado las divisiones políticas que obstaculizan la toma de acciones concretas por parte de la comunidad internacional. La coherencia entre el discurso y la acción es determinante para responder a la barbarie, y debemos estar en capacidad de superar las diferencias, en cuanto estas son explotadas por los terroristas en su beneficio. Nuestro marco de acción debe ser promover que los intereses legítimos de los diferentes sectores de la población se vean atendidos.

Corresponde identificar las áreas en las que se debe trabajar con los Estados en los que estos actos han ocurrido para que se avance en las investigaciones; garantizar que la situación seguirá siendo objeto de atención permanente; y trabajar por la construc-ción de sociedades inclusivas, respetuosas de la diversidad y en las que los derechos de todos sus ciudadanos, sin distingo alguno, sean respetados y garantizados.

Finalmente, no podemos olvidar que en el corto plazo existe la imperiosa necesidad de responder a la situación humanitaria. Son millones los refugiados y desplazados que deben atenderse, y si bien la respuesta de la comunidad internacional ha sido ge-nerosa, la magnitud de la situación requiere de un compromiso sostenido, flexible y oportuno.

Muchas gracias.

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