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Debate General del Consejo de Seguridad sobre "El costo humano de la transferencia ilícita, la acumulación desestabilizante y el uso incorrecto de las armas pequeñas y ligeras"

(Nueva York, 13 de mayo de 2015)

Intervención de S.E. Embajador Miguel Camilo Ruiz Blanco, Representante Permanente Alterno de Colombia ante las Naciones Unidas

 

Señora Presidente:

Quiero en primer lugar agradecerle por usted convocar este debate abierto sobre el costo humano del tráfico ilícito, la acumulación excesiva y el uso inadecuado de las armas pequeñas y ligeras. El tema resulta de la mayor relevancia en el contexto actual y pone en evidencia cómo los retos a la paz y la seguridad de las naciones están estrechamente ligados al tráfico ilícito de armas.

Agradezco al Secretario General, al Alto Comisionado para los Derechos Humanos y al Representante de la Red de Acción de África Occidental sobre armas pequeñas por sus presentaciones.

Colombia ha sufrido, durante largos años, el terrible impacto que el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras tiene no sólo sobre la vida y la seguridad de las personas sino sobre la estabilidad y sobre las posibilidades de desarrollo de un país.

Colombia es consciente de que el tráfico ilícito de armas es un fenómeno que no respeta fronteras y que se relaciona con el problema mundial de las drogas, la delincuencia organizada transnacional, el terrorismo y violaciones a los Derechos Humanos. En consecuencia, debe ser abordado desde una perspectiva amplia, multilateral e integral.

Por ello, Colombia ha participado activamente en todas las iniciativas para lograr que el tema fuera tratado en las instancias multilaterales.

Así por ejemplo, a finales de los ochenta comenzamos a pedir, inicialmente con un pequeño grupo de países, que el tema del tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras fuera incluido en la agenda de la Asamblea General. Este proceso tuvo como desarrollo más importante la aprobación del Programa de Acción para Prevenir, Combatir y Erradicar el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras, en todos sus aspectos, en julio de 2001, y en dicho programa se incluye un vigoroso proceso de revisión que ha permitido evaluar periódicamente la aplicación del Programa de Acción y proponer las medidas necesarias para mantener su vigencia.

A nivel hemisférico, participamos en la negociación de la Convención Interamericana contra la Fabricación y el Tráfico Ilícito de Armas de Fuego, Municiones y Explosivos y otros Materiales Relacionados (CIFTA), aprobada en diciembre de 1997, y, hasta hace poco, el único instrumento vinculante en este tema.

Señora Presidente,

Colombia también trajo el tema del tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras al Consejo de Seguridad. En efecto, en agosto del 2001, durante nuestra Presidencia, se llevó a cabo un debate abierto, en el que se aprobó la Declaración del Presidente del Consejo de Seguridad, de la cual permítame resaltar los siguientes elementos:

1. La acumulación desestabilizadora e incontrolada proliferación de las armas pequeñas y ligeras, además de incrementar la intensidad y la duración de los conflictos armados y de frustrar los esfuerzos en pro de la prevención de los conflictos armados, plantea un considerable obstáculo para la prestación de asistencia humanitaria;

2. El segundo elemento de la declaración es que existe la necesidad de controles y reglamentaciones nacionales eficaces respecto de armas pequeñas y ligeras, es decir, que los países exportadores de armas debían ejercer el más alto grado de responsabilidad en relación con las transacciones de armas pequeñas y ligeras y todos los países tenían la responsabilidad de impedir su desviación y reexportación ilegales de modo que se contenga la filtración de armas legales hacia mercados ilegales; y

3. El Consejo acogió con beneplácito el Programa de Acción de las Naciones Unidas para prevenir, combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras en todos sus aspectos.

Así mismo, Colombia participó en el desarrollo más reciente en este campo, el Tratado de Comercio de Armas, defendiendo que las armas pequeñas y ligeras fueran incluidas dentro de su alcance y que se definieran medidas para prevenir el desvío. El 24 de septiembre de 2013, el Presidente de la República de Colombia, firmó el Tratado sobre Comercio de Armas, al considerar que éste Tratado es una herramienta útil y necesaria para prevenir delitos como el desvío y el tráfico ilícito de armas a personas no autorizadas, tales como grupos terroristas, bandas criminales y organizaciones delictivas. Actualmente, adelantamos el procedimiento interno para la ratificación del Tratado.

A nivel interno, mi país, que conoce de cerca las nefastas consecuencias del tráfico ilícito de armas y su uso desestabilizador por actores no autorizados, incluyó en la Constitución Política (Art. 223) que "sólo el Gobierno puede introducir y fabricar armas, municiones de guerra y explosivos. Nadie podrá poseerlos ni portarlos sin permiso de la autoridad competente. (...)"

Señora Presidente,

Desde el 2002, junto con Suráfrica y Japón presentamos año tras año la resolución sobre el Comercio Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en todos sus aspectos, en donde se subraya, además de otros elementos, la necesidad de que los Estados intensifiquen su cooperación para la creación de capacidades nacionales relacionadas con la ejecución del UNPoA, y se insta a todos los países a aplicar plenamente el UNPoA (Programa de Acción para Prevenir, Combatir y Erradicar el Tráfico Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras en Todos sus Aspectos.)

Señora Presidente,

Si bien la comunidad internacional ha venido durante las décadas anteriores dotándose de los instrumentos necesarios para luchar eficazmente contra el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras, los beneficios económicos que de él se derivan y la falta de decisión política para aplicar esos instrumentos, hacen que dicho tráfico siga siendo un problema de magnitudes alarmantes. Como ya lo han manifestado muchos de los oradores que me han precedido.

Creemos que es hora de actuar con un sentido mayor de humanidad y de comprometernos realmente a cumplir nuestras obligaciones, tanto legales como políticas y morales, y a avanzar hacia un mundo en el que las armas sólo se usen por las autoridades respectivas para garantizar la paz, la estabilidad y la seguridad ciudadana.

Muchas gracias.

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